Pacto de hermanos
Capitulo 2
-¿Quién es
el chico que también fue victima del bravucón grande y fuerte? –pregunto Sandra
con una expresión de afecto.
-Creo que
se llamaba Lucas –respondió Yolanda.
-Lucas…
-Si, es del
otro sexto.
-Con razón
nunca lo había visto.
-Ya hay que
bajarnos, no vaya siendo que nos vea un maestro –dijo Yolanda viendo a su
alrededor.
Se bajaron
del muro, Yolanda revisaba por todos lados que nadie las haya visto treparse al
muro para espiar el patio de los chicos.
-Que bien,
parece que nadie nos vio, no hay que volver a hacerlo eh. –dijo Yolanda,
aliviada de que nadie se percato que se asomaron al otro patio.
-¿Dices que
aquel chico se llamaba Lucas? –dijo Sandra, quien al parecer no le importaba el
saber que su acto de espionaje había quedado libre de castigo.
-Si, tenia
bastante que no le veía, no ha cambiado mucho desde la ultima vez que lo vi,
salvo que esta mas alto y sigue usando esas mechas blancas en el cabello que
ahora lo usa mas largo.
-¿Y que
sabes de el? –pregunto Sandra, quien estaba muy interesada en saber todo lo
posible sobre Lucas-.
-Muy poco,
lo vi cuando estaba en primer grado, antes de que pusieran el muro. Era un niño
amable y servicial. Siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás niños. Solo
que por alguna razón siempre estaba solo.
Pasaremos a
ver los recuerdos de Yolanda de primer grado. Ella era más pequeña (obviamente)
y no tenía el cabello tan largo como lo tiene ahora. Estaba comiendo unas
galletas y ve a Lucas sentado en un rincón del patio, totalmente solo.
-Ese niño
lo veo ayudando a otros -pensó la pequeña Yolanda-, pero nunca juega con nadie,
solo se la pasa todo el recreo allí sentado en ese rincón totalmente solo. Voy
a ofrecerle de mis galletas y ver si quiere que seamos amigos.
Se dirige a
donde esta Lucas, que esta leyendo tranquilamente su libro de lecturas de
primer grado. Yolanda se pone frente a el. El nota su sombra y dirige su mirada
hacia ella. Ella le sonríe, pero el no parece inmutarse.
-Hola, niño.
Mi nombre es Yolanda, ¿Cuál es el tuyo?
-Mi nombre
es Lucas –responde sin despegara la mirada del libro.
-¿Qué estas
haciendo?
-Leo
cuentos, ¿que es lo que quieres?
Yolanda se sentó
junto a Lucas y este solo la miraba sin mostrar ninguna clase de emoción
-¿Quieres
galletas? -le pregunto Yolanda a Lucas, estirando el paquete de galletas hacia
el.
-Gracias,
pero mi papá dice que no debo comer galletas, a menos que sean las que prepara
mi mamá ya que ella usa azúcar natural.
-Ah, no sabía
eso. ¿Por que no juegas con los otros niños? –pregunto Yolanda algo contrariada
por la respuesta que obtuvo, se le hizo algo grosera.
-Ellos
eligieron dejarme así, aunque trate de ayudarlos, soy alguien invisible para
ellos. Por suerte también soy invisible para los bravucones.
-Buen
punto, pero, ¿no te sientes muy solo?
-La verdad
si, pero no creo tener otra opción.
-Yo puedo
ser tu amiga, y les diré a mis amigas que jueguen contigo para que nunca te
quedes solo.
Lucas
suspira, cierra su libro, se pone de pie y camina unos pasos. Yolanda dejo de
sonreír al pensar que recibiría una respuesta negativa, o algo grosera como
cuando le ofreció las galletas.
-Me temo
que eso no puede ser posible –dice Lucas.
-¿Por que
no?
-No puedo
tener amistad con una niña.
-¿Y eso
porque?
-Es una
promesa que hice. Solo puedo tener amigos hombres, como no eres hombre, no me
eres de ningún interés.
-Pero es de
lo más normal que los niños y las niñas sean amigos. ¿Les tienes asco a las
niñas o que?
-No, pero
tengo mis motivos para rechazar a cualquier niña que quiera tener mi amistad.
Yolanda se
levanto enojada por lo grosero que parecía ser Lucas, en verdad era muy
extraño, con razón siempre estaba solo.
-Bueno, si
así lo quieres, ¡continúa solo entonces! Los niños no te quieren y no aceptas a
las niñas, quédate solo contigo mismo –exclamo Yolanda enojada., pero a Lucas
no pareció importarle.
Volviendo
al presente, Yolanda sintió como si ese recuerdo hubiera sido un trago amargo y
hasta le alegro el haber visto que había sido molestado por Carlos. Al parecer
termino siendo visible a sus compañeros… pero para mal.
-El es un
chico diferente al resto. –dijo Yolanda después de haber recordado todo lo
anterior.
-Órale,
entonces debe ser interesante –dijo Sandra quien al parecer entendió “diferente”
por algo bueno.
-Pero, ya
no hay que hablar de el, ya casi se acaba el recreo. Mejor volvamos de una vez
al salón para echarle una repasada rápida a los apuntes para los exámenes.
-Para que
me los recuerdas, ya se me fue todo el entusiasmo que tenia –dijo Sandra
desilusionada, al haber recordado eso, habiendo olvidado de momento a Lucas-.
Ya que –suspiro-, vamos al salón.
-Te deseo
suerte.
-Igualmente,
la necesitaremos.
Se metieron
al salón a estudiar por última vez lo que vendría en los exámenes. El maestro
volvió y se metieron todos los demás alumnos. Primero les aplico el examen de
español, el cual era conjugar cinco verbos en todas las personas en los cinco
tiempos. A Sandra no le costo mucho trabajo hacerlo y considero que le iría muy
bien en el examen. Después toco el examen de Geografía, el cual estuvo muy
complicado ya que eran preguntas de opción múltiple y dos mapas de la Republica Mexicana
en los que pedía que en uno se dibujara las principales montañas y mesetas con
sus nombres y en el otro, se pusieran los principales ríos y lagos con su
nombre. Sandra sintió una terrible tentación de copiar a su hermano ya que no
recordaba los nombres de las montañas y ríos, pero su amor propio fue mayor que
la tentación, así que se encomendó a toda la corte celestial y contesto como
pudo.
Después de
los exámenes, el timbre dio la hora de salida y todos se dispusieron a guardar
sus cosas y salir del salón. Santiago se fue por su lado y Sandra se fue con
Yolanda platicando sobre el examen.
-¡Que
examen tan difícil fue el de Geografía! La neta, el profesor si se paso esta
vez –comento Sandra.
-Y que lo
digas, a mi se me complico el de español en los tiempos pospretérito –le
respondió Yolanda.
-Si, pero
lo bueno es que hoy es viernes y ya se acabo, en lo que resta de las semana,
los estudios.
-Bueno,
entonces nos vemos mañana temprano en el parque.
-Si,
procura estar temprano por que si no se llena de chicos mayores y ya vez que
esos no más van a fumar, a tomar y decir palabrotas.
-Si, allí estaré.
-Hasta
mañana.
Yolanda se
fue por su camino y Sandra se fue por el suyo pensando en sus cosas, y con su
cosas me refiero a lo común, observando todo lo que le rodea y criticándolas
como todos le hacemos (yo lo hago, no se ustedes).
Siguió en
esa tarea hasta que vio en el parque a su hermano y a Lucas. Se alegro y a la vez
se enojo de hallarlos juntos allí (una mezcla de sentimientos por tener
enfrente a la persona que amas junto con al persona que odias). Se escondió en una parte en que no la
pudieran ver, pero que ella si pudiera observar lo que estaban haciendo. Santiago
y Lucas estaban sentados en una banca del parque platicando.
-El examen
de hoy estuvo muy fácil, de seguro sacare un precioso diez –comento Santiago.
-A nosotros
nos toco examen de matemáticas, pero el maestro dijo que en lugar de hacerlo,
nos dejaría varios problemas de tarea y lo que saquemos seria lo que nos
pondría de calificación.
-Pues se
los dejo fácil.
-Lo que desearía
que fuera fácil, seria evitar a los bravucones. Son muy malos. Aunque aun no acabo
de entender por que te dejas molestar por Eduardo.
-Cambiando
de tema –quería evitar contestar-, que te parece si nos tomamos una foto,
traigo mi cámara.
-Suena
bien.
Se
acomodaron y se tomaron la foto, a ambos les gusto como quedo y se fueron
platicando sobre la foto mientras Sandra observaba todo con cara triste.
-Que
envidia, desearía tener una foto de Lucas, pero no puedo llegar y pedírsela
directamente- pensó Sandra-. Tampoco se la puedo pedir a Santiago ya que lo
odio y me andaría acosando por saber la razón de que quiero esa foto.
Sandra se
fue caminando a su casa cabizbaja pensando en su deseo de tener una foto de
Lucas.
Llego a su
casa, no había nadie allí, lo mas probable es que su mamá hubiera salido a
andar por ahí con las amigas. No le importaba mucho lo que hiciera su mama,
pero si sentía el peso de la soledad al no tener a su padre allí esperándola
como ocurría antes, o de que no tendría a Yolanda para pasar la tarde ese día.
En otra época se hubiera ido con sus otros amigos a jugar algo o a pasarla
bien, pero en el barrio casi no había niños y en la escuela su única amiga era
Yolanda ya que ella y su hermano estaban marcados por ser los chicos nuevos. Sentía
el peso de la soledad en sus hombros y era algo que no le gustaba, ya que en su
nueva forma de vida, estar sola implicaba que no tendría a nadie hasta que
llegara su padre lo cual era hasta la noche, claro también llegaba su mamá o su
hermano, pero ella no se llevaba muy bien con ellos, así que en esas
circunstancias prefiere salir a caminar hasta que fuera la noche para ver a su
padre en casa.
Después de
cambiarse el uniforme de la escuela por una ropa más cómoda, se dispuso a comer
lo que dijo preparada su madre. En eso tenia que reconocer que todo lo que
preparaba sabía bien, pero no podía acostumbrarse a ella ni a su hermano.
Una vez que
termino de comer se puso a lavar los trastes que había ensuciado. Recordó que
tenia tarea que hacer; normalmente la dejaba para el sábado en la noche o el
domingo, pero no tenía nada más entretenido que hacer ya que a esas horas no había
nada bueno en la televisión. Hizo la tarea, la cual se le dificulto ya que no podía
poner sus cinco sentidos en ella pensando en lo que le gustaría tener una foto
de Lucas; estar con el, hablarle o cualquier cosa relacionada con Lucas. Cuando
acabo vio que eran la seis de la tarde y aun no volvía nadie de su casa, así
que decidió ver a televisión.
Lo único
que había eran telenovelas y programas sobre cosas de enciclopedia (animales,
montañas, cosas, etc.), vio que andaban pasando una película de espías así que decidió
verla. Como en la mayoría de las películas de espías, el espía debe robar algún
archivo de los enemigos y para eso, roba alguna memoria y la copia en otro lado
para analizarla después, así que a Sandra le vino una idea a la mente.
-¡Ya se como conseguiré la foto de Lucas que
tanto quiero! Es tan sencillo, como no lo pensé antes. Todo gracias a la
película de espías. Lo único que debo de hacer es que en algún momento que
Santiago este despistado, tomo su cámara, le saco la memoria, uso la computadora
y copio alguna foto donde aparezca Lucas. Entonces, solo tendré que devolver la
memoria a la cámara sin que el lo note. Y ya después, calmadamente, reviso,
recorto e imprimo la foto de Lucas y será misión cumplida. Nada puede salir
mal.
Sandra tenía
una gran sonrisa en su cara por esta gran idea. Ni le importo que después
llegara su mamá y le platicara todos lo que le dijeron sus amigas.

