La historia
comienza el primer viernes del mes de junio, caluroso como suelen ser todos los
días de abril en delante. Y como la mayoría de todos los viernes del año, los
niños van a la escuela.
En este
caso nos centraremos en dos niños en particular que van a la escuela esa mañana
de viernes. Esos dos niños son de sexto grado de primaria y son una niña y un
niño. La niña, Sandra, tiene la piel morena clara los ojos castaños, el cabello
lacio negro y brilloso, le llega a los hombros y termina en puntas además de
que le tapa las orejas. El niño, Santiago, también tiene la piel morena clara
ojos castaños, cabello negro y largo, solo que el suyo es en muchas puntas y
todas dirigidas hacia abajo y los lados, y también le tapan las orejas.
Ambos niños
se parecen y es por que son hermanos gemelos, pero no se llevan muy bien que
digamos, si no todo lo contrario. Resulta que, como la mayoría de las personas,
tenían un papá y una mamá. Pero, estos se divorciaron a los dos años que
nacieron sus hijos por razones que detallaré mas adelante, cuando sea
importante. Cuando se divorciaron, se repartieron los hijos y Santiago se fue
con su mamá y Sandra con su papá. Sandra
vivió con su papá durante nueve años y ambos nunca recordaron a Santiago o a la
madre. Un día de tantos, el destino
quiso que los padres se volvieran a encontrar; se sentaron a hablar y
decidieron hacer las pases y volver a ser una familia de cuatro miembros.
Todo bien
hasta ahí, pero como “a toda acción corresponde una reacción”, este caso no fue
la excepción; lo que paso fue que el padre, que es contador, tuvo que trabajar
horario corrido en la empresa en la que trabajaba para mantener a dos personas
mas, así que ya no pasaba tanto tiempo con Sandra. Aparte, tanto Santiago como
su madre, eran de esas familias monoparentales en las que el hijo esta muy
apegado a la madre y esta a su vez, trata a su hijo como reliquia. Quisieron
meter a Sandra dentro de este círculo, pero a ella no le gustaba las cosas que
hacían, ya que la mamá era en extremo femenina y por ende Santiago era raro, por lo que Sandra no
quería terminar así. Para acabarla de regar, a ambos los sacaron de sus
respectivas escuelas para que cursaran el sexto grado en la misma escuela. A Santiago
no le importo ya que el era el típico niño raro que casi nadie le habla, pero a
Sandra si le importo ya que ella no era rara, tenia muchos amigos y se divertía
de lo lindo en su anterior escuela, pero le tuvo que decir adiós a todo eso.
Volviendo a
los protagonistas, Sandra y Santiago entraron a la escuela y estaban sentados
en su mesa. Como ocurre muchas veces en las escuelas de México, los alumnos se
sientan en parejas o se sientan en butacas separadas. Aquí es el caso en el que
se sientan en parejas por lo que Sandra y Santiago se tenían que sentar juntos
y esa era lo ultimo en la lista que causó el odio de Sandra hacia su hermano.
Si, ya se
lo que piensan: “esas no son razones validas para odiar a alguien”. Quizá
algunos de ustedes vean que si y hasta sobran razones. Pero hay que recordar
que cuando somos niños vemos algo muy importante, cuando para una persona
madura es algo sin importancia y no es razón para hacer una tormenta en un vaso
de agua, pero estos son niños de sexto de primaria, así que para Sandra si son
razones validas en lo que madura como persona, lo cual toma años.
Sandra
estaba sentada en su banca meditando en la agenda del día.
-¡Gracias a
Dios hoy es viernes! Veamos, hoy primero toca Matemáticas, espero que este bien
la tarea, los problemas que puso el maestro eran retedificiles. Después toca
Ciencias Naturales, la clase que mas me aburre. Acabando sigue el recreo, la
mejor hora del día escolar. Y ya para las horas que quedan, el maestro dijo que
haríamos los exámenes de Geografía y Español. ¿Por que demonios tiene que hacer
dos exámenes, uno tras otro, sobre temas que no van de la mano? Solo hace que
uno se confunda. Espero que me vaya bien en los exámenes.
- ¡Buenos
días Sandra!
Era la
mejor amiga de Sandra, Yolanda. Yolanda tiene la piel blanca, el cabello
castaño claro largo lacio; se lo peina hacia tras, deja dos mechones que caigan
de sus patillas hacia sus hombros sin cubrir sus orejas.
-Buenos
días Yolanda –respondió Sandra, quien se levanto de su silla para platicar con
su amiga en un lugar alejado del salón, como era la costumbre.
-¿Cómo se
te hizo la tarea? – pregunto Yolanda.
-Estuvo muy
difícil, espero tener mínimo la mitad de los problemas bien.
-También se
me hicieron difíciles, pero le pregunte a mi hermana mayor, me explico y se me
hicieron fáciles. ¿Tu hermano no te ayuda? El es relisto.
-Ni le
pregunte, prefiero reprobar a pasar con su ayuda. Además, nunca he conocido el
cinco de calificación, aunque el nueve muy pocas veces y el diez en contadas
ocasiones.
-No pues si
¿estudiaste para los exámenes?
-Si, espero
que no sean muy complicados.
Cortaron su
conversación al ver llegar al maestro y cada quien se sentó en su respectivo
lugar. No me tomare la molestia de describir al maestro, ya que el no es muy
relevante en la historia.
La mañana
transcurrió sin muchos contratiempos. Entregaron la tarea de matemáticas y
Sandra saco casi todas bien. En la clase de matemáticas vieron un tema nuevo y
el maestro les dejo tarea sobre el tema para el fin de semana. Después en Ciencias
vieron un tema que aburrió mucho a Sandra, del cual no entraremos en detalles. Después
de eso, para alegría de Sandra, salieron al recreo.
Creo que es
un caso particular, pero en esta escuela el patio de recreo estaba dividido en
dos por un muro. Eso era por que unos años atrás, eran frecuentes los
conflictos entre niños y niñas, ya que en ambos lados había bravucones, así que
se decidió poner ese muro. Para que los bravucones fuertes, que eran en su
mayoría niños, estén del lado de niños y los bravucones molestos, que eran en
su mayoría niñas, estaban del lado de las niñas. Si ya se, eso no resuelve
nada, pero nunca se toman las mejores decisiones en estos tipos de problemas.
Sandra y
Yolanda salieron del salón, con sus respectivos lonches, dispuestas a
comérselos y a pasar el rato como buenas amigas.
-¡Pensé que
nunca se acabaría la clase de Ciencias Naturales! –Exclamo Sandra con alivio
dirigiéndose a Yolanda- ¿Que quieres que hagamos el fin de semana?
-Yo hoy voy
a estar ocupada después de clases. Pero mañana podríamos pasar a las maquinitas
y de ahí ir a pasear a la plaza.
-¡Ah! –Dijo
Sandra con desgano- ¿No te puedes desocupar hoy para que salgamos a pasear?
-No, pero
mañana si estaré libre.
-Bueno,
veré la televisión en la tarde.
-¿No tienes
más amigas, parte de mi?
-No, no me
ha sido muy fácil socializar en esta escuela. Ya sabes, por ser la nueva. Pero
eso pronto cambiara cuando entre en la secundaria. ¿Tú vas a entrar en la misma
no?
-Si… si
pasamos el examen de admisión. Mi hermana mayor me dijo que era muy difícil.
Además, el que entremos no nos garantiza que estemos en el mismo grupo.
-¿Qué
ánimos hechas? ¿Oye? Y tú tienes otras amigas aparte de mí.
-Si, varias
vecinas –Sandra supe ocultar bien su sorpresa y decepción al escuchar esto-. No
entiendo por que tu no.
-Me es
difícil, no recuerdo como le hice de pequeña, pero al cambiarme ya no pude
tener nuevas amigas. Y eso que ya voy para el año en ese nuevo barrio.
-Pues la
verdad esta raro. Deberías comentárselo a tus padres, eso si no se han dado
cuenta.
-Eso lo
haré después –dijo Sandra queriendo evadir el tema-. De mientras, me interesa
hacer algo antes de salir de la escuela.
-¿Y que es?
–preguntó Yolanda con curiosidad.
-Ver lo que
hay del otro lado del muro durante el recreo.
Dirigieron
sus miradas hacia la parte alta del muro. Lo estudiaban detenidamente, pero
ninguna se atrevía a decir algo. Finalmente, Sandra tomo la palabra.
-Oye, ¿Y si
nos asomamos al patio de los chicos a ver que están haciendo? –dijo Sandra, procurando
que nadie las escuchara.
-No, nos
puede ver algún maestro y nos iría mal.
-Solo una
mirada rápida.
-Bueno,
esta bien, pero solo unos segundos.
Así que se
treparon en el respaldo de las bancas, las cuales estaban apoyadas en el muro y
se asomaron al patio de los chicos, la zona prohibida para ellas. Lo que estaban
haciendo los chicos, en vez de estar hablando sobre la película, era jugar fútbol.
-Yo pensé
que estarían haciendo algo más interesante –dijo Sandra sin ocultar su
decepción.
-Pues ya
vez que no, solo piensan en el fútbol.
-Yo creo
que no han de pensar en otra cosa.
-¡Mira! –dijo
Yolanda señalando con su dedo índice-. ¡A tu hermano lo esta molestando un bravucón!
En efecto,
era Carlos, el bravucón más temido del lado de los niños, un chico alto y
fuerte que no parecía de primaria, si no de preparatoria. Nadie se atrevía a
enfrentarse a ese chico.
-Si, ya lo
vi –dijo Sandra sin importarle la suerte de su hermano, es mas, hasta le
alegraba que sufriera a manos de un bravucón.
-Pobre, debe ser muy malo que te moleste un bravucón
así de grande y musculoso –dijo Yolanda apiadándose de Santiago.
-Lo que yo
me pregunto, es ¿por que todos los bravucones masculinos son grandes y fuertes?
Por que no pueden ser enanos y gordos para que sean fáciles de vencer o evitar.
Las dudas
de se vieron disipadas al ver que inmediatamente de que Carlos terminara su
trabajo con Santiago, llego otro bravucón a continuar con la dosis de
sufrimiento de Santiago. Era Eduardo, un niño del otro sexto, gordo y chaparro,
que gozaba de molestar a su única victima: Santiago.
-¡Como
fregados es posible de que no se pueda defender de un rival tan fácil! –exclamo
Sandra enojada al ver lo patético que era su hermano.
-Tal vez no
le guste pelear.
-Aunque no
le guste pelar, tendrías que ser un guiñapo para que te maltrate una persona
así.
-En eso
tienes razón, por lo menos no sufre solo a manos del bravucón grande y
musculoso.
Sandra
busco a Carlos, el cual estaba molestando a otro individuo… el cual obviamente
no seria la victima de Eduardo. Cuando ambos bravucones acabaron sus trabajos,
se fueron, dejando a los dos chicos en el piso. El otro chico se levanto y
ayudo a Santiago a ponerse de pie. Sandra pudo ver claramente su rostro y vio
que era un chico un poco más alto que su hermano. Era como de doce años, con el
cabello negro y largo, con mechas de color blanco y puntiagudo. Tenía la piel
clara y los ojos azules. Un galán en todo el concepto de la palabra... o al
menos para Sandra.
Sandra, al
ver a este chico, sintió una atracción hacia el, en pocas palabras, estaba
enamorada. Se ruborizo y tuvo pensamientos románticos sobre el.